miércoles, 12 de diciembre de 2012

El diseñador editorial como productor de publicaciones digitales.
Álbumes ilustrados en el dispositivo iPad para el público infantil mexicano.
Gustavo Ma­ldonado Pérez

Actualmente en nuestro país está ocurriendo una transformación cultural con respecto al uso de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC), este fenómeno hace que ahora tengamos acceso a una amplia cantidad de información y a contenidos culturales que antes no teníamos por las limitaciones físicas y geográficas que nos impedían estar en el lugar y momento donde se producían de los productos y servicios culturales; además la creación de contenidos en los diferente medios tecnológicos es más ágil que nunca (García Canclini & Piedras Feria, 2005, pp. 61-63).
La forma en que se producen estos bienes culturales esta influenciando también la manera de consumo, hoy en día tenemos la facilidad de consultar una gran cantidad de libros, todos ellos disponibles en línea y la posibilidad de consultarlos sin que represente un costo de obtener el impreso o incluso el traslado a una biblioteca.
Esta influencia proviene en gran medida del estado el cual pretende impulsar el uso de las TIC como herramientas para el desarrollo social y económico a través de políticas públicas que fomentan su uso (SCT, 2011); para lograrlo se han estado impulsando proyectos como e-México que busca incrementar el acceso a la población de la tecnología, a través de los medios necesarios, ejemplo de ello es el Programa de Acceso a Servicios Digitales en Bibliotecas Públicas (PASDBP) que se implementó con el apoyo de una institución de asistencia privada (Pérez Salazar & Carabaza González, 2011, p. 6).
A pesar de que hay una genuina intensión del estado con este tipo de proyectos, este se limitan sólo a proveer los medios, como computadoras y conexión a internet, descuidando las necesidades socioculturales y la capacitación en función de los objetivos de las comunidades; sin embargo este hueco en las políticas públicas del país puede aprovecharse, ya que existe un gran potencial en la creatividad de las industrias culturales sobre los nuevos medios tecnológicos para generar contenidos y propiciar empleos e inversiones (García Canclini & Piedras Feria, 2005, p. 22).
Muestra de la influencia de esta política pública en las industrias culturales, y más específicamente en la producción editorial, es el Premio Internacional del Libro Interactivo en Español Paula Benavides donde el proyecto ganador será parte de la colección de la Red de Bibliotecas Públicas y Salas de Lectura (CONACULTA, 2011). En esta misma temática Fondo de Cultura Económica (FCE) ya publicó un par de álbumes ilustrados en formato de app para la tableta iPad, estos cuentan con diversos elementos interactivos propios de la tecnología de los dispositivos móviles.
Por lo anterior la industria editorial mexicana y las instituciones culturales de nuestro país están entusiasmadas con la publicación digital de las colecciones infantiles con las que cuentan, incluidos los álbumes ilustrados que forman parte del género de la literatura infantil y de los cuales existe una importante producción entre los autores nacionales.
Si bien existen avances significativos en la normalización de la publicación de libros electrónicos, también llamados ebooks, y los aspectos técnicos de su producción y distribución; dentro de esta industria los álbumes ilustrados carecen de una metodología clara para su publicación electrónica ya que en la mayoría de los casos, sino es que en todos, la meta es sólo el hecho de la publicación y no se considera al usuario para generar un producto que pueda consumir el público infantil mexicano, por lo que muchos de los ensayos para publicar en medios digitales caen en la improvisación.
Por ejemplo la editorial Santillana mandó digitalizar sus libros escaneando directamente el impreso físico, colocó las imágenes resultantes en un formato de ebook y los ha puesto en las librerías virtuales; al digitalizar el libro Morado al cubo, un cuento sin palabras de Juan Gedovius, se omitió una pagina en blanco que está presente en la versión impresa, esta página es la del lado derecho del desplegado y en la contraria se puede apreciar el pie del personaje, lo que da la impresión de que está caminando. Al faltar esta página hace que se recorran las demás, y por lo tanto las ilustraciones; la versión digital no sólo hizo que se modificara la lectura de una ilustración, sino que al recorrerse la paginación pierde sentido la narración que tenia el libro impreso (figura 1).
Por lo anterior la versión digital de la obra lejos de ofrecer una nueva experiencia para el lector, opaca la narración con una pobre presentación en pantalla de las ilustraciones, el error esta en intentar llevar las imágenes de la misma forma en que se han publicado libros electrónicos de otros géneros sin tomar en cuenta que las ilustraciones dependen del medio, en este caso el libro impreso; es evidente que en este ejercicio la forma en que se cuenta la historia se descuido por enfocarse en que la tecnología, en este caso el escáner, resuelva el problema de traducir la lectura a un medio nuevo .
Figura 1. Paginas 2 y 3 de Morado al cubo en el software Adobe Digital Editions para computadoras de escritorio.
un ejemplo más especifico es el álbum ilustrado Es así publicado originalmente en forma impresa por el FCE, esté fue digitalizado y modificado con elementos multimedia para distribuirlo a los usuarios de la tableta ipad; para el proceso no se tenían criterios establecidos para planear la edición digital, la realización se dio de forma accidentada y el proceso de transportar la experiencia lectora al dispositivo móvil fue completamente empírico y siempre apoyado en las opiniones de la agencia desarrolladora de software, además a pesar de que la autora colaboro para adaptar algunas ilustraciones al leguaje del dispositivo, en otros casos no sucede de la misma forma ya que regularmente el autor no esta dispuesto a modificar su obra[1].
Estos ejemplos ponen de manifiesto que hay un problema evidente en la producción editorial en medios digitales; no existe un profesional que se ocupe del cuidado editorial y de la organización de los diferente actores que intervienen en la publicación de la obra en el nuevo medio; además no existe un planteamiento real para la producción de la experiencia lectora, en la publicación impresa el autor es el principal productor de experiencias para el lector, pero en la publicación digital que esta surgiendo en nuestro país el principal productor es la tecnología.
Es por eso que existe la preocupación de que el diseñador editorial no esta presente en el desarrollo de los libros en dispositivos móviles, en el segundo Simposio internacional del libro electrónico en español, Jorge de Buen junto con Alfredo Daniel Wolkowicz expresaron que hoy en día las editoriales que generan libros en dispositivos móviles no convocan al diseñador editorial, sino que dejan en manos de las empresas de tecnología la publicación en medios digitales de sus colecciones impresas (Buen de Una, 2012).
Los panelistas opinaron que la tecnología esta tomando no solo el papel del diseñador sino que también deja de lado al editor y al autor, esto crea efectos negativos en la relación de la tecnología con la cultura porque la primera no se esta considerando por la industria como un medio sino como autor de los contenidos en los libros electrónicos, y en especifico de los álbumes ilustrados.
La tecnología ha facilitado los recursos técnicos a actores que no están capacitados para la difusión de la lectura digital, estos actores son los programadores que participan activamente en procesos de comunicación y creación de obras editoriales en medios digitales pero las capacidades que les confiere la tecnología no garantiza que sean competentes para asumir la responsabilidad de comunicar los contenidos que el autor propone (Rodríguez Illera & Londoño, 2010, p. 73).
Debe existir un equilibrio entre el uso de la tecnología y diversidad y autenticidad de los productos culturales para que la tecnología aporte un beneficio económico a las industrias culturales, en este caso la editorial, también que propicie la interacción y participación de los actores que crean los productos culturales (García Canclini & Piedras Feria, 2005, p. 63). Además de que el libro que se le presenta a un niño de ser sencillo debe, también debe permitir distintas interpretaciones, que cada lector pueda apropiarse de las historias de manera diferente, hacer suyo el libro como un objeto, es decir crear una experiencia que debe partir del arte literario (Machado, 2008, p. 116).
Es así que la creación de experiencias que satisfagan a los lectores de un álbum ilustrado esta en riesgo si no toma en cuenta a todos los actores de la edición de un álbum ilustrado, en especial al diseñador que es la persona que funge como director de la orquesta en la publicación de un libro infantil (Corraini, 2008, pp. 32-34).
Finalmente la intensión de la publicación digital de un álbum ilustrado en un dispositivo móvil es que el niño interprete la narración de forma similar que en el soporte físico para mantener la experiencia de la lectura con las prestaciones que ofrece la tecnología; esto significa que el usuario encuentre las mismas historias sin que la versión digital pueda confundirse con otro tipo de aplicación como un juego de video (Kluver, 2011).


[1] Estos datos se obtuvieron en una entrevista personal con Mariana Mendia, editora encargada de publicaciones digitales infantiles del Fondo de Cultura Económica. 12 de enero de 2012

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